"El Propósito Eterno de Dios"

Nuestra visión: El Propósito Eterno de Dios

 

1- Enunciado de visión (Efesios 1:4-5; Romanos 8:29)

 

ü    Este es un asunto fundamental. El Propósito Eterno de Dios no es solo un tema más que podemos estudiar en nuestro andar cristiano. Es el plan que dio sentido a nuestra existencia. Debemos abrirnos para que Dios nos hable de su diseño, y para que este asunto pueda gobernar nuestra mente y corazón.

 

ü    El Propósito Eterno de Dios tuvo su origen antes que Dios formase los cielos y la tierra, el hombre y toda la naturaleza. El pasaje de Efesios nos muestra que este Propósito nació en el interior de Dios, dentro de su persona. Todas las cosas toman su lugar y razón de ser en función de esta verdad. Si no tenemos esta comprensión, esta verdad fundamental pasará a ser nada más que una doctrina inerte, un conocimiento teológico. Conocer Su idea, Su sentido de realización, es una de las maneras más directas que tiene el cristiano de llegar al centro del eterno corazón de Dios.

 

 ü    ¿Qué hubo en el corazón de Dios antes de la creación? Un deseo: Crear al hombre, e integrarlo a su unidad divina en amor, no como una criatura despersonalizada, sino como un participante activo en la comunión entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Dios quería incluir.

 

ü    Dios quiso hacerse de una familia con el hombre. Por eso lo creó a su imagen. Por eso quiso que la raza humana se multiplicase y extendiese. Dios deseaba ver en el ser humano los rasgos morales perfectos y gloriosos que se encuentran en la Santísima Trinidad. Quería ver la plenitud de gracia y de verdad que mostró Jesucristo cuando se hizo hombre. Quiso construir una familia numerosa, donde su gloria fuera extendida, ¡una familia de muchos hijos semejantes a Él mismo!

 

ü    El hombre fue creado para conocer y servir a Dios como Padre, deleitándose en su amor, pero su rebelión lo desvió. Por este pecado de rebelión, fue necesaria la encarnación de Jesús, para que con su muerte y resurrección obtuviera nuestra redención, y la restauración al bendito propósito divino original. Por lo tanto, el discípulo encuentra en Cristo tanto la salvación como el modelo para seguir en su conducta y dedicación, a fin de que su vida sea para la gloria de Dios. Él nos proveyó de todos los medios necesarios para lograr este propósito, en virtud de nuestra unión con Cristo.

 

2- Desarrollo del Propósito Eterno (Génesis 1:26-28; Romanos 3:12; 4:25)

 

  Consideremos algunas de las instancias principales en el desarrollo del plan de Dios:

 

 1- El origen del Propósito Eterno de Dios

 

ü    Se dio en la eternidad, en el corazón de Dios, que quería una familia de hijos semejantes a Jesucristo.

 

1-   La creación

 

ü    Cuando Dios hizo al hombre, Él quería tener hijos con su imagen, con su naturaleza y con su vida. Dios quería tener una gran familia que expresara sobre la tierra su gloria y su autoridad. Por eso, Adán y Eva fueron creados a imagen de Dios. Sabemos que cada ser vivo se reproduce según su especie. Entonces, cuando Adán y Eva se multiplicaran, reproducirían hijos a la imagen de Dios. Esta sería la familia de Dios. Una familia de hombres y mujeres, santos y  perfectos como Dios. ¡Qué glorioso y amoroso propósito!

 

ü    El hombre fue creado en un estado de inocencia para que, por el uso de la libertad, la responsabilidad y el desarrollo de las facultadas otorgadas por Dios, llegase a expresar cada vez en mayor grado, el carácter y el ejercicio de la autoridad que Dios pensó originalmente. Este proceso de madurez iba a estar en todo momento encuadrado en la dependencia del Padre, y en la adoración y alabanza de su Persona.

 

2-   El Pecado

 

ü    Fue una desviación grave del Propósito Eterno. El pecado atenta directamente contra su propósito, porque aleja al hombre de su Creador y Sustentador, y desfigura aquellos rasgos que Dios quiso que el hombre expresara.

 

El pecado de Adán fue una intromisión violenta y diabólica en el Propósito Eterno de Dios. Por causa del pecado, el hombre se volvió culpable, blanco de la ira de Dios, merecedor del castigo eterno, expulsado de su Presencia y sin comunión con Él. Porque la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23).

 

ü    Y no solo Adán se volvió inútil. Después que Adán se corrompiera,  tuvo hijos a su propia imagen y semejanza. Toda la descendencia de Adán fue arruinada e inútil para el propósito de Dios. La Palabra afirma que el pecado y la muerte pasaron a todos los hombres, como una enfermedad hereditaria (Génesis 5:3; Romanos 5:12).

 

3-    La redención

 

 Fue el gran medio provisto por su gracia, para que su propósito se cumpliera en nosotros. La muerte y resurrección de Jesucristo tuvieron lugar para volver a hacernos hijos de Dios, restaurar en nosotros la imagen de Dios, y lograr que sus hijos conformen una sola familia. ¡Aleluya!

 

ü    Muchos han creído, erróneamente, que la meta del cristiano es llegar al cielo. Leyeron la Biblia desde un enfoque humanista (el hombre es el centro de todo), y concluyeron que el propósito es la salvación del hombre. Todo girando alrededor del hombre y sus necesidades. Esta visión proviene de entender el propósito de Dios a partir de la caída del hombre. Siendo así, y como el hombre está perdido, la salvación del hombre se volvió el centro del propósito eterno de Dios. Aquí está el error, y en ese punto debe ser hecha la corrección.

 

 ü    Si pensáramos que la intención de Dios fue simplemente salvar al hombre para llevarlo al cielo, deberíamos concluir que  para eso necesitaba que el hombre cayera. Pero eso no fue así: ¡Dios jamás quiso que el hombre pecara! La redención solo fue necesaria por la caída del hombre.

 

4-   La revelación de este Propósito

 

ü    La primera Iglesia recibió la revelación de este Propósito a través del ministerio de apóstoles y profetas (Efesios 2:19-22; 3:1-12). Tristemente, a través de las edades, esta verdad se pervirtió, se desdibujó. Pero a mediados del siglo XX comenzó un proceso inexorable de restauración de la Iglesia, y con él, la gloriosa verdad de su Propósito Eterno fue otra vez revelada a santos hombres de Dios.



ü    En estos tiempos, Dios espera que sus hijos hagan de Su Propósito el centro de sus vidas, la meta a la que se entreguen de todo corazón. Dios quiere restaurar y renovar la adoración y el compañerismo perdidos en el Edén. ¡Dios quiere que sus hijos sean y vivan como fue y vivió su Amado Hijo Jesucristo!

 

ü    Cuando entendemos su intención al crearnos y redimirnos, se produce en el corazón un sentido de propósito. Comprenderlo  es comprender la razón por la cual existimos. Esto responde a la gran cantidad de dudas y preguntas que surgen en la mente de las personas sobre el porqué de su existencia.

 

ü    Para el que no tiene esta revelación, la vida se transforma en un absurdo total, y debe encontrar de alguna manera un propósito para vivir: algunos quieren ser ricos o famosos, otros se arrojan a los vicios y pasiones. Algunos tienen objetivos más simples: criar bien a sus hijos, alimentarlos, que luego se casen. Otros tienen propósitos más sencillos todavía: vivir cada día para trabajar y ganar el sustento para poder alimentarse, para continuar trabajando y ganando su sustento, para seguir viviendo... y así sucesivamente. ¡Qué triste es transcurrir así nuestros días!¡Fuimos diseñados para expresar la gloria de Dios!

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