Rendirse cuentas mutuamente

Cada grupo se organiza con una estructura que nos permite rendirnos cuentas unos a otros. Este principio se halla en la Biblia. Por ejemplo, Jesús advertía: «Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio» (Mateo 12.36). También el apóstol Pedro, hablando de los gentiles, les señala a los hermanos: «Pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos» (1 Pedro 4.5) Asimismo Pablo le indica a la iglesia en Roma: «De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí» (Romanos14.12) ...

Muchas de las bases de esta estrategia de discipulado se encuentran en la carta a los Hebreos. Por ejemplo: «Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta» (4.13, véase 13.17).

Para que el grupo de discipulado logre sus objetivos, dar cuenta de sus acciones a otros miembros del grupo, a la luz de las Escrituras, no puede ser algo opcional sino parte fundamental del proceso. Por eso entre usted y sus discípulos tiene que existir un compromiso de rendirse cuentas mutuamente. Sin este compromiso y seguimiento continuo se logrará poco crecimiento espiritual.

Las «cuentas» que debemos rendir son una especie de «informe», basado en objetivos personales que cada uno establece, según sus necesidades espirituales. Examinaremos estas metas personales bajo la marca cuatro. Aquí solo cabe señalar que «rendir cuentas» significa que cuando no estamos logrando nuestros objetivos, habrá que explicar por qué. También podemos pedir la ayuda del grupo (oración mutua, ayuno, etc.) para poder cumplir las metas establecidas.

La clave del éxito de este principio se encuentra en la palabra «mutuamente». Responsabilizarse por sus acciones ante otros ha de funcionar como una calle de doble sentido. Es una relación, una comunicación recíproca. Todos estamos creciendo madurando espiritualmente; por eso, tanto los discípulos como los líderes responden por sus acciones los unos a los otros. En el encuentro con la mujer samaritana, Jesús nos proporciona un panorama de esta clase de transparencia en propia vida. Al decidir revelar su necesidad —tenía sed— Jesús creó una atmósfera propicia para que la mujer pudiera sentirse libre para hablar de sus propias necesidades (Juan 4.7).

Asimismo, un líder eficaz de discipulado tiene que revelar sus necesidades, a fin de crear un ambiente abierto para el diálogo. Esta dinámica es el ingenio del discipulado porque todos estamos acostumbrados al rendimiento de cuentas en una sola dirección, por ejemplo, en la escuela hacia los maestros. En un grupo de discipulado aun los líderes comunicar sus luchas, hasta sus fallas.

Otro propósito, y resultado, de rendirse cuentas mutuas es evitar la «entropía». La entropía es la segunda ley de la termodinámica de la ciencia física. Expresa que todo siempre va hacia más y más desorden, o caos. En otras palabras, cuando se empieza un proyecto, aun siendo bueno y valioso, la tendencia será siempre al deterioro. Todos la hemos experimentado. Establecemos metas valientes; pero, ¿qué sucede después de un tiempo? Nuestros tiempos devocionales, la lectura diaria de la Biblia, nuestra vida de oración, la memorización de las Escrituras, tarde o temprano la gran mayoría de estos objetivos se diluyen. Es la entropía en acción. Siempre está obrando, no solamente en nuestras vidas y familias, sino también en nuestras iglesias.

Para prevenir la entropía, entonces, la Biblia presenta el concepto de rendirse cuentas mutuamente para que en lugar de que se decaigan o deterioren se facilite el éxito de estos programas, y de nuestras propias vidas espirituales.

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